Sanz inició su campaña en la ciudad
- Por Tras Cartón
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Con un encuentro con jubilados que tuvo lugar en la Comuna 11, el presidente de la Unión Cívica Radical y actual senador nacional de ese partido, Ernesto Sanz, inició en la Ciudad de Buenos Aires las actividades de su campaña por la candidatura presidencial del Frente Amplio Unen.
La reunión, que convocó a unas doscientas personas, se realizó en la pizzería El Ombú, ubicada en la tradicional esquina de las avenidas Nazca y Álvarez Jonte, en el límite entre los barrios de Villa del Parque y Villa Santa Rita.
Asistieron la secretaria de la Mesa de Conducción de la Convención Nacional de la UCR, Cristina Guevara; la integrante de la conducción de ese partido en la Ciudad, Andrea Pérez Simondini; los referentes de la Comuna 11 María Bevacqua, Sergio Grillo y Mario Luna; el miembro de la conducción de la Juventud Radical de la Ciudad, Enrique Pierre; presidentes e integrantes de numerosos centros de jubilados, y vecinos.
Después de una breve presentación a cargo de las dos dirigentes nombradas en primer término, el precandidato se instaló frente al micrófono y, previa exhortación a la reconstrucción del “vínculo que existe en la política entre un ciudadano y un representante”, anunció que haría “algunas reflexiones generales”.
Y aclaró: “No quiero detenerme solamente en la cuestión puntual de la tercera edad porque ustedes, más allá de que en muchos casos sean jubilados, son fundamentalmente ciudadanos de la Argentina que tienen hoy, como todos los ciudadanos de la Argentina, la enorme responsabilidad de debatir sobre todos los problemas que existen en el país”.
El análisis
Así, observó que “muchos están diciendo en estos momentos que la Argentina vive un final de ciclo” y manifestó: “Yo concuerdo con una parte de esa reflexión, creo que es cierto que estamos en un final”.
Precisó en ese sentido que “hay un final cuando, por ejemplo, la economía se ha disparado y no se la puede dominar, y entonces tenemos índices de inflación de arriba de 30 puntos, hay recesión y se empiezan a ver los primeros signos de desempleo, sobre todo en las economías regionales”.
Dijo también que “hay un final cuando no se pueden dominar la inseguridad y la violencia” y puso como ejemplo “lo que pasó el domingo a la noche en el Obelisco” para lo cual “no hay palabras que expliquen semejante vandalismo y semejante desfase de todas las reglas de convivencia”.
Asimismo, consideró, “hay un final cuando la Justicia empieza a convocar a los responsables de tantas atrocidades” y señaló que “cuando un juez procesa por corrupción al vicepresidente de la Nación es porque la Justicia está advirtiendo ya que hay un final de ciclo”.
“¿Dónde empieza mi divergencia? Yo no creo que sea el final de un ciclo”, sostuvo luego, y explicó que “ciclo es un periodo muy corto, podrían ser estos doce años del kirchnerismo computando desde el 25 de mayo de 2003, cuando asumió Néstor Kirchner, hasta el año que viene, cuando dejen el poder”.
Estimó seguidamente que “si es una cuestión de mandatos constitucionales solamente, el presidente que gane la próxima elección, quienquiera que sea, por el hecho de haberla ganado, arranca un nuevo ciclo” y destacó: “Por eso a mí me gusta generar el debate diciendo que acá hay algo más profundo que un final de ciclo, acá hay un final de época”.
“La época no son los diez o doce años de los mandatos presidenciales, en la Argentina tiene más de veinte años: desde que terminó el gobierno de Raúl Alfonsín hasta acá hay toda una época, y haciendo un ejercicio de autocrítica incluyo dentro de la época a los dos años de la Alianza porque podría haber sido algo distinto, lamentablemente no lo fue y hay que hacerse cargo”, especificó.
Enfatizó luego que lo que identifica a “esa época de veintipico de años” es “el mismo partido político en el gobierno” y recordó que “en los años 90 nos llevó de las narices hacia un extremo donde quiso hacernos creer que el mercado por sí solo podía generar y distribuir riqueza”.
Refirió que “eso no había ocurrido en ningún lugar del mundo y así nos fue, y se terminó esa parte de la época con recesión, desempleo, una economía hecha pedazos, una sociedad carcomida por el germen del individualismo y del sálvese quien pueda y mucha gente marginada”.
“Luego”, prosiguió, “el mismo partido político, en estos últimos diez años, nos lleva de las narices hacia el otro extremo, el del estatismo, donde pretendió hacernos creer que el Estado por sí solo era capaz de generar riqueza y distribuirla”.
Subrayó que “esto también fracasó en muchos lugares del mundo y ya estamos viendo hoy las consecuencias” de “ese Estado de la presidenta subiéndose al atril, retando y confrontando por la cadena nacional y diciendo estos son los buenos y estos son los malos, estos son los amigos y estos son los enemigos, o queriendo ir por la Justicia y por el federalismo”.
Puso de manifiesto que “el mismo partido político que en unos años nos llevó al extremo del neoliberalismo nos lleva ahora al otro extremo, pero unidas las dos décadas por una misma matriz, la de la corrupción”.
Redondeando su análisis, indicó que “si esto fuera un final de ciclo, podría venir cualquiera a iniciar un nuevo ciclo” pero que “no puede venir cualquiera a construir una nueva época”.
Puntualizó al respecto que “no puede venir alguien disfrazado de renovador o de algo distinto a pretender reemplazar al gobierno del cual fueron parte durante estos años”.
Y sostuvo: “Únicamente quienes hemos estado en la vereda de enfrente en la época en que privatizaban las jubilaciones, privatizaban YPF y desguazaban el Estado, y quienes hemos estado enfrente en estos años de corrupción donde fueron por todo, podemos venir hoy a cara descubierta a decirles ‘dennos una oportunidad porque queremos ser los protagonistas de una nueva época en la Argentina´”.
Las propuestas
En lo que hace a las propuestas, introdujo “una suerte de símbolo” al proclamar que “esta nueva época es la época de las palabras que empiezan con E”.
Así, mencionó en primer término a la E de Estado y explicó que “es la época de un Estado que no es ni grande ni chico, ni de izquierda ni de derecha, es un Estado inteligente, moderno y eficiente, que esté donde tenga que estar”.
Recordó que “el mismo partido político nos llevó en los 90 a la desaparición del Estado y ahora a este Estado que todo lo puede pero nada lo resuelve” y exhortó: “Nosotros tenemos que encontrar el equilibrio de un Estado que en definitiva esté presente pero con inteligencia, con innovación, haciéndose cargo de que la modernidad tiene nuevos desafíos”.
Se refirió seguidamente “a la segunda y a la tercera E, que van juntas” y expresó que cuando un radical habla de ellas lo hace desde un sentimiento histórico muy profundo, que se refleja en el escudo partidario.
Señaló que ese emblema “tiene dos figuras enlazadas, un martillo y una pluma” y resaltó que “la E del martillo es la E del empleo y la E de la pluma es la E de la educación”. En sus palabras, “empleo y educación son las dos E que junto a un Estado inteligente pueden generar una verdadera revolución de progreso en la Argentina”.
Hizo presente que “con este partido de gobierno hemos probado primero, en los 90, el esquema de que las privatizaciones, las empresas privadas y ese espejismo del primer mundo iban a generar empleo, y fracasó, y ahora hemos probado el otro modelo en el cual el Estado, a través de los programas sociales, pretendió cubrir la brecha del empleo y está fracasando porque estamos generando a lo largo del país argentinos acostumbrados a depender toda su vida de un plan social”.
Afirmó que “ese no es un país de progreso, no es un país con desarrollo humano, no es un país digno” y agregó: “Yo valoro, acepto y he votado por esos planes sociales en la emergencia, pero siempre sabiendo que una persona no puede vivir toda la vida dependiendo de un plan social”.
Y prosiguió: “Ahí la enlazo con la E de educación, porque si no hay educación de calidad y además no hay empleo, hacemos depender a los ciudadanos de un régimen clientelar, demagogo y populista”.
Observó al respecto que “cualquier gobernante se sienta en el sillón de intendente, de gobernador o de presidente y con un plan social y una educación pública sin calidad mantiene de rehenes a millones de argentinos que votan y definen el futuro del país”.
Refiriéndose específicamente a la educación, consideró que “hoy en la Argentina la escuela formadora, que desde la educación pública formó a tanta gente y a presidentes y premios Nobel, está perdiendo la batalla contra una nueva concepción de la escuela, que es la escuela contenedora”.
Definió a esta última como “aquella que al final del año, al chico que estudió, trabajó, hizo los deberes, se portó bien y demás, lo premia haciéndolo pasar de grado; y al chico que no hizo ninguna de estas cosas, también”.
Destacó que “no hay mérito ni premio al esfuerzo”, advirtió que “estamos generando chicos que luego, cuando salgan a la calle, no van a tener herramientas para poder desenvolverse” e instó: “Tenemos que volver a la escuela formadora”.
Informó a continuación que “la cuarta E es la de energía” y puso de manifiesto que “está ocurriendo un hecho que nos debería llenar de vergüenza, hoy la Argentina está importando combustible y gas, y este año vamos a terminar pagando 15 mil millones de dólares”.
Atribuyó “esa voracidad del gobierno por conseguir dólares, con el cepo cambiario, que nadie viaje y demás” a que “necesita los dólares para pagar los barquitos que vienen desde afuera a traernos gas y combustible”.
Hizo notar que “ese mismo combustible y ese mismo gas lo tenemos en nuestro subsuelo, en nuestro territorio, pero por malas políticas, mala gestión y corrupción, porque esos barquitos no se adquieren por licitación pública sino por compra directa”.
Puso el acento en la necesidad de “lograr el autoabastecimiento de energía” y evocó a Arturo Frondizi, “cuando hace tantos años tenía un modelo de desarrollo a partir de la infraestructura hidrocarburífera y energética”.
Aludiendo al ”aprovechamiento de nuestros ríos con las centrales hidroeléctricas”, contó: “Yo vengo de una provincia en donde hay cinco ríos, y desde la época de Arturo Illia que no se construyen represas hidroeléctricas para generar energía”.
Prosiguiendo su enumeración, hizo saber que “la quinta E, la que le da sentido a un programa de gobierno y a un proyecto de progreso en el país, es la E de la ética”.
Y anunció: “La Argentina necesita tener una revolución ética, una revolución moral, una revolución de decencia, y por eso nosotros queremos que se sepa que, si somos gobierno, el primer día vamos a crear una Conadep de la corrupción para meter presos a todos los que hayan delinquido, a todos los que en estos años se hayan servido del Estado y de los dineros del Estado”.
Consideró que “así como en los 80 la Conadep puso una bisagra a la Argentina de los golpes y del partido militar con la famosa frase del fiscal Strassera del nunca más, tiene que haber hoy un gobierno en que el primer día el presidente se plante y diga nunca más a la corrupción, a la indecencia y a la deshonestidad”.
Por último, mencionó a “la E de la esperanza” aclarando que se trata de “la esperanza de poder construir una Argentina diferente”.
Y concluyó: “Los convoco entonces a la revolución de las E: del Estado, del empleo, de la educación, de la energía y de la ética pero, fundamentalmente, que de nuestros corazones nazca la revolución de la esperanza de construir una Argentina mejor”.
Al término de la intervención de Sanz, se abrió el tramo destinado a la participación de los asistentes, que mostraron en general un nivel no demasiado frecuente de información y de conocimiento de sus derechos.






