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Marchas y represión en el centro de la ciudad

En coincidencia con el 45° aniversario del Cordobazo, y en tanto el Gobierno, el establishment y buena parte de la oposición celebraban el acuerdo con el Club de París, la Policía Federal reprimió ayer, en Córdoba y Esmeralda, a una marcha de la agrupación Barrios de Pie, que reclamaba aumentos para trabajadores de cooperativas y todos los jubilados, dejando un saldo de dos detenidos y un número aún no determinado de heridos de los cuales uno, al cierre de esta edición, permanecía internado en el hospital Argerich.

Horas antes, a pocas cuadras, otros trabajadores se habían manifestado en contra de la sucesión de suspensiones y despidos en la industria automotriz.

Por la tarde

La represión se desató alrededor de las 18, en circunstancias en que una numerosa columna de militantes de la nombrada organización marchaba por la avenida Córdoba en dirección a la de 9 de julio, con el propósito de solicitar, en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, una audiencia con su titular, Alicia Kirchner.

Según explicó el coordinador nacional de ese movimiento, Daniel Menéndez, el propósito era “presentarle los resultados de la consulta popular ‘Todo x los que menos tienen’, en la que participaron más de ochocientas mil personas en todo el país, y donde los resultados de las tres mil quinientas urnas arrojaron que más del 90% de los votantes estaban a favor del aumento en las jubilaciones, programas y cooperativas”.

La marcha se había iniciado a las 14 en la avenida Alem, frente a la sede del Ministerio de Trabajo de la Nación, donde los militantes protestaron en primer término, tras lo cual caminaron por Córdoba hasta la agencia de Anses ubicada en esa avenida a la altura de su intersección con la calle Cerrito, donde reclamaron por un aumento de emergencia en los haberes jubilatorios.

“Nosotros veníamos marchando por dos carriles de Córdoba y los vehículos circulaban por los restantes”, nos contó Silvia, militante de la organización, quien destacó que los manifestantes se mostraban a cara descubierta y no esgrimían palos ni otros elementos contundentes.

Refirió que cuando estaban por llegar a la intersección con la calle Esmeralda, les cerró el paso un cordón policial que ocupó toda la calzada. “Provocaron un gran taponamiento de tránsito, y los automovilistas empezaron a imprecarlos”, apuntó.

El operativo estuvo a cargo de la Policía Federal, con la participación de la Guardia de Infantería y la División Perros, con el apoyo de numerosos vehículos, entre ellos carros hidrantes.

“Era un operativo absolutamente desproporcionado”, se indignó Silvia, quien relató que los uniformados cargaron contra los manifestantes golpeándolos con sus bastones y arrojándoles gas pimienta. “Nosotros levantábamos las manos para mostrarles que no teníamos palos ni armas”, subrayó.

Fue así como resultaron detenidos al menos dos militantes, identificados como Mónica Díaz e Inocencio Centurión, y heridos otros, de los cuales uno, como informamos al principio de esta crónica, al cierre de esta edición permanecía internado en el hospital Argerich.

“La policía, que cortaba el tránsito, demoró la llegada de la ambulancia, que debió dar un rodeo”, agregó Silvia.

Por la mañana

A diez cuadras de allí, trabajadores de la autopartista Lear se habían manifestado horas antes contra las suspensiones masivas dispuestas por esa empresa.

Lo hicieron por la mañana, cortando la intersección de las avenidas Callao y Corrientes, tras lo cual se trasladaron a la sede del Ministerio de Trabajo de la Nación, ubicada en las proximidades y donde, según declaró el delegado Rubén Matu, no fueron atendidos. “No nos dieron bola”, dijo sin eufemismos.

Acerca del origen del conflicto, Matu informó que el martes último “la empresa suspendió de manera ilegal y por tiempo ‘indeterminado’ a la mitad de su personal”, que “son 330 los trabajadores afectados” y que “la fábrica está rodeada por gendarmes, [efectivos de Guardia de] Infantería y policías con perros”.

“Con la excusa de que la industria automotriz está en crisis”, explicó, “nos hace pagar a los trabajadores dejándonos afuera y descontándonos un 25% de nuestros salarios”. Y afirmó: “Los trabajadores no aceptamos las suspensiones y menos aún si no son rotativas y con el cobro total de nuestros sueldos”.

Señaló también que “Lear no es el único caso en el gremio, en GESTAMP sufrieron 67 despidos y tienen la fábrica militarizada, la Policía camina entre las líneas de producción metiendo miedo a los trabajadores”.

La situación es más que preocupante. “Ya hay en el país más de 15.000 suspensiones y cientos de despidos en la industria automotriz, hasta nuestro secretario general Ricardo Pignanelli dijo que la culpa es del Gobierno y de las empresas, pero no alcanza con reconocerlo, estamos pidiéndole al SMATA [Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor] que convoque a una gran movilización de los miles de trabajadores mecánicos para reclamar, en las calles, que no haya ningún despido ni ninguna suspensión”, enfatizó.

La empresa Lear es una multinacional de origen norteamericano dedicada a la producción de autopartes, que en nuestro país ha instalado su fábrica en la localidad de General Pacheco, del partido bonaerense de Tigre, que provee de mazos de cable a la empresa Ford, cuya planta industrial funciona también en esa localidad tigrense.

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