Domenico Beccafumi: maestro de Siena
- Escrito por Victor Pais
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Se cumplen hoy 475 años de la muerte de Domenico Beccafumi, pintor, escultor y grabador italiano considerado el representante más importante del manierismo en la ciudad de Siena.
Como algunos historiadores del arte no le reconocen entidad propia y prefieren continuar hablando de Alto Renacimiento, resulta problemático caracterizar al manierismo, estilo artístico desarrollado fundamentalmente en Italia y en el norte de Europa en el siglo XVI y cuyo nombre proviene de la palabra italiana “maniera” que quiere decir sencillamente “estilo”.
Sus cultores, tal como Beccafumi, también conocido como Meccarino o Mecuccio y cuyo nombre de nacimiento era Domenico di Giacomo di Pace, pretendían alcanzar la “belleza pura” y lo espiritual en el arte oponiéndose al racionalismo y al materialismo.
El pintor vivió en una época de crisis en la religión con el desarrollo de los protestantismos y las consiguientes luchas con el catolicismo, así como de crisis política derivada de la formación de los estados nacionales y la superación del feudalismo clásico. También de crisis en lo que hace a las instituciones sociales. Y de desarrollo de las bases de las ciencias modernas. Todo ello se reflejó en la esfera de las artes en la que Beccafumi estaba inmerso. Tal vez, el virtuosismo, la elegancia estilística en la composición de las pinturas, el idealismo en oposición al naturalismo y al racionalismo, el abigarrado mundo de lo representado, la proliferación de figuras desnudas, como en el Juico final de Miguel Ángel, sean, aunque no siempre presentes, las notas del manierismo. La complejidad de este estilo artístico es un reflejo de la derrota de los ideales antropocéntricos del primer renacimiento con una “vuelta” a la religiosidad tradicional.
Grandes artistas del Renacimiento italiano –Leonardo Da Vinci, Rafael y Miguel Ángel– ejercieron influencia en Beccafumi, empero, este desarrolló un estilo personal donde el cromatismo y los efectos de luz constituyeron una nota dominante. Beccafumi fue polifacético en cuanto a las técnicas que utilizó. Su obra comprende frescos, pinturas sobre tabla, xilografías y esculturas.
Analicemos algunas de ellas:

Anunciación, hacia 1545. Óleo sobre tabla.
Tema por demás visitado por la pintura occidental. El Ángel Gabriel, que es el ángel de la Anunciación, volando en el espacio se presenta ante la Virgen María y le anuncia la encarnación virginal del Verbo. La Virgen, en posición sedente, y ciertamente sorprendida por la presencia y las palabras del ángel, se sobrecoge, gira parte de su cuerpo, lleva la mano derecha a su hombro izquierdo y con una mirada atenta escucha el mensaje de aquel. La expresión de su rostro transmite su modestia, recogimiento y turbación ante una noticia tan inesperada. Mientras el ángel tiene entre sus manos unas hojas de olivo, una paloma, que representa al Espíritu Santo, rodeado de un halo luminoso, planea por encima de la escena. Es el Espíritu que ha concebido al Hijo de Dios. La acción del Espíritu Santo y la dimensión sobrenatural de la escena se habían generalizado en el arte occidental desde el siglo XIII. Hacia el fondo de la composición se ve una arquitectura de arcos y, más atrás, un lírico paisaje en el que apenas se destacan un par de arbolillos ya que lo que domina es el llano y un cielo en parte nuboso. La composición en su conjunto es sencilla y el cromatismo no excluye los contrastes del claroscuro.

La Caída de los Ángeles Rebeldes, hacia 1525, óleo sobre tabla.
Los ejércitos del cielo, al mando del Arcángel Miguel, empujan a los ángeles rebeldes hacia el mundo de las tinieblas. El Arcángel Miguel, con el sable desenvainado y alzado por medio de su mano derecha, es un símbolo de la Victoria. Planea sobre la escena, mientras los ángeles rebeldes desnudos y aterrorizados son expulsados del cielo y se precipitan ante el mundo inferior, en una composición que es mezcla de fanatismo y terror. Miguel preside y conduce la victoria del bien sobre el mal; los ángeles de su séquito también revolotean sus sables golpeando y castigando a los rebeldes. Es un episodio de la guerra en el cielo, donde los efectos luminosos marcan, en particular, la separación del bien y del mal. Cabe ver en la composición el contraste entre la negrura inferior y la luminosidad celestial, donde Miguel proclama su triunfo y victoria. Es la oposición entre el cielo y el infierno, entre la luz y la oscuridad.

Las Bodas Místicas de Santa Catalina, hacia 1528, óleo sobre tabla.
Catalina de Siena (1347-1380) perteneció a la orden de los dominicos y fue una santa muy venerada por sus servicios a los pobres y a los enfermos. Vivió una época donde la lucha entre las ciudades comunas del norte de Italia y el reino de Francia había dado origen en la iglesia a un cisma, que se tradujo en el desplazamiento de la corte pontificia de Roma a Avignon. La división de la iglesia, la crisis del papado, llevan a Santa Catalina a bregar por la unidad y paz de la iglesia. De acuerdo a la tradición, Catalina recibió de manos de Cristo los estigmas y un anillo de bodas. En esta representación, vemos a la santa de rodillas ante la Virgen María, que lleva en su regazo al Niño Jesús. Éste está entregando el anillo de bodas a la santa, bodas que representan la unión matrimonial entre ésta y Cristo. La Virgen está en un trono, sobre un estrado escalonado, que resalta su autoridad y la del Niño Jesús. Y este simbolismo lo refuerza el dosel que se encuentra encima del trono. Una autoridad celestial y terrenal mantenida con la santa. En el dosel aparecen figuras angelicales y también un angelito sentado a los pies de la Virgen observa el momento en que el Niño entrega el anillo del desposorio. Completan la escena doctores de la iglesia y al pie San Pedro, al que reconocemos por las llaves, y San Pablo, al que reconocemos por el libro.
Fuentes consultadas:
Duchet-Suchaux, Gastón y Pastoureau, Michel (1996). La Biblia y los Santos, Madrid, Alianza Editorial.
Gowing, Lawrence (2006). Historia del Arte. Manierismo, barroco y rococó, Folio S.A., Barcelona.
Stukenbrock, Christiane y Topper, Bárbara (2011). 1000 obras maestras de la pintura, h f Ullman.