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Cándido López y la batalla de Tuyutí

Cándido López y la batalla de Tuyutí

Se cumplen hoy 160 años de la batalla de Tuyutí, enfrentamiento que se produjo en el marco de la guerra librada por los aliados (Argentina, Brasil y Uruguay) contra el Paraguay de Francisco Solano López entre 1865 y 1870. Rememoramos este episodio a través de una mirada de Batalla de Tuyutí, 24 de mayo de 1866, óleo sobre tela del pintor y soldado en dicha guerra Cándido López.

En las representaciones de batallas realizadas por Cándido López, la nubosidad de los cielos transmite el dolor de Dios; la frondosidad de los bosques crea una oscuridad que cubre la tragedia de la guerra. En Batalla de Tuyutí, 24 de mayo de 1866, óleo sobre tela pintado entre 1876 y 1885, Cándido presenta un cielo, aún en parte celeste, pero donde los nubarrones grisáceos más oscuros nos anuncian las lágrimas de Dios. El bosque, el palmar, cubre a soldados que no vacilan en disparar sus fusiles hiriendo al útero de la vida (el bosque) que los cobija. Hacia la derecha de la composición, declina la frondosidad del bosque, quedando en pie solo palmeras menores con ramas escuálidas: es el útero ensangrentado, es la vida que se ha perdido, es la muerte que se ha apoderado de la naturaleza.

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Reparemos en este antagonismo: la mayor parte de la imagen presenta un bosque tupido, fértil, deslumbrante con su vida, pero –valga la oposición– en el seno de la vida se despliega una guerra y con ella el imperio de la muerte. Las palmeras escuálidas, marchitas, son la vida que ha cesado. Parecen constituir un paisaje desértico, sin vida. El útero fue vulnerado, fue mancillado. En él se sembró la muerte.

Pocos meses después del episodio reflejado en la obra analizada, tuvo lugar la batalla de Curupaytí, donde Cándido fue herido gravemente en su brazo derecho, y ante la amenaza de la gangrena el médico tuvo que amputárselo. Cándido era diestro, con lo cual tuvo que reeducar su mano izquierda para continuar practicando la pintura y dejándonos su testimonio plástico en la serie de óleos sobre episodios de la guerra del Paraguay de los que fue testigo y protagonista. El soldado pintor –y esto va más allá de sus intencionalidades conscientes– plasmó paisajes en sus telas y los significados que podemos construir a partir de los significantes presentes, nos proyectan hacia una dimensión sacra de los acontecimientos vividos en el frente de guerra. Podemos decir –y valga la contradicción– que sus telas son un alegato contra la muerte presente en los campos de batalla. En ellos vemos como la vida rebosante de la naturaleza se contrapone a las acciones del hombre. Entre la vida de la naturaleza y la muerte en la guerra de los hombres, en esta oposición, encontramos el mensaje prístino de estas pinturas.

Cándido –lo hemos dicho en otras oportunidades– fue el más original de todos los pintores argentinos de los últimos decenios del siglo XIX. No pudo ir a estudiar en Europa en las Academias, por consiguiente, continuó desarrollando un modo de representación regional del que sería su máximo exponente, modo caracterizado por la forma apaisada de la representación, por la miniaturización de los personajes, por un punto de vista elevado que transmite la sensación que el pintor está sobrevolando la escena, por el detallismo representativo. También indicamos que sus pinturas son paisajes sagrados, donde los bosques, las aguas, los cielos entran, en tanto manifestación de la vida, en tensión y contradicción con la guerra, en tanto manifestación de la muerte. El paisaje divino censura y condena el acto de la guerra protagonizada por los hombres.

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